Persiguiendo la sostenibilidad agrícola en la Macaronesia

El IPNA busca desarrollar una tecnología que permita ahorrar agua de riego y así evitar el impacto en la agricultura derivada del cambio climático.

En 2050 el planeta estará poblado por 9.000 millones de personas pero el inmenso crecimiento poblacional no irá aparejado de una suficiente producción alimentaria como para mantenerlos a todos. En los próximos años la población mundial se verá abocada a una crisis alimentaria sin precedentes agravada por los eventos meteorológicos adversos provocados por el cambio climático. La producción sostenible es fundamental para lograr que en 2030 no exista el hambre en el mundo y Canarias debe contribuir a este objetivo hallando un método para evitar los impactos del calentamiento global en sus cultivos. 
El cambio climático impondrá para 2050 un aumento medio de la temperatura de 2 a 3 grados centígrados y conllevará a una disminución de la vida útil y de los recursos hídricos, que puede alcanzar el 30 % en la Macaronesia, en la que se encuadra Canarias. Estas modificaciones tendrán un enorme impacto en la agricultura, provocando la pérdida de la capacidad productiva de los cultivos agrícolas y graves pérdidas económicas. 
Estos escenarios plantean un enorme desafío para la regiones macaronésicas pues, al ser las más afectadas, también deben prepararse correctamente antes de que no haya vuelta atrás. La Macaronesia está abocada a desarrollar acciones que promuevan la adaptación de la agricultura y de los principales cultivos agrícolas regionales a las nuevas condiciones y escenarios climáticos, garantizando la actividad económica, el mantenimiento del potencial productivo y la seguridad alimentaria.
Las plantas serán las más afectadas, al ser organismos sésiles, es decir, no tener la posibilidad de huir de un entorno hostil como sí tienen los animales. Para sobrevivir, a lo largo de la evolución, han tenido que desarrollar complejos mecanismos de defensa, pero el cambio climático llegará tan rápido que para muchas les será imposible articular esta protección natural. 
No obstante, se puede inducir y en ello es en lo que están trabajando un grupo de investigadores del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC), liderados por Andrés Borges que han comprobado que, a través de la aplicación de moléculas químicas, es posible estimular sus defensas naturales, lo que se conoce como resistencia o tolerancia inducida. 
“El principal objetivo de nuestro proyecto de investigación AHIDRAGO es el ahorro de agua en la agricultura mediante el desarrollo de una tecnología basada en la aplicación de moléculas bioactivas osmoprotectores a partir de productos y extractos naturales”, explica Borges. Este tipo de desarrollos permitirá proteger a los cultivos con mayor interés económico y estratégico de la Macaronesia frente a las condiciones de déficit hídrico. El proyecto surge como consecuencia de la trayectoria de colaboración e intereses comunes previos entre varios grupos de investigación e instituciones públicas que por un lado, buscan una sustancia de estas características y por otra, pretenden hallar variedades vegetales más resistentes al estrés hídrico.

 

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Sostenebilidad agrícola